Negratin en los medios
9 febrero, 2026
El récord de renovables satura la red y provoca precios cero, evidenciando los límites del sistema actual
Tribuna escrita por Ángel Noguera, presidente del Grupo Negratín
En 2025, las energías renovables representaron en torno al 55,5 % del mix eléctrico español, alcanzando un nuevo récord de producción cercano a los 151.000 GWh, según datos de Red Eléctrica de España. La fotovoltaica volvió a ser la gran protagonista, consolidándose como la tecnología líder en potencia instalada tras varios años de fuerte crecimiento.
Este avance es una buena noticia, pero también marca un punto de inflexión. Cuando se alcanza cierta escala, el reto ya no es solo seguir creciendo, sino hacerlo con equilibrio. Y ahí empiezan a aparecer límites que no pueden ignorarse: saturación de red, episodios de precios cero o negativos y dificultades crecientes para integrar toda la energía generada.
No se trata de falta de recursos ni de ambición, sino de diseño del sistema. Estamos produciendo más energía de la que hoy podemos gestionar o almacenar, y la transición entra así en una fase en la que la inteligencia del sistema es tan importante como la potencia instalada.
En este contexto, el almacenamiento energético, y en particular las baterías, deja de ser una promesa para convertirse en una pieza central del modelo. No solo permiten aprovechar mejor la energía generada en las horas de mayor producción, sino que aportan estabilidad a la red, reducen la volatilidad de precios y hacen el sistema más eficiente y predecible.
En los últimos meses, distintos episodios de tensión en infraestructuras críticas han vuelto a recordar una realidad aplicable también al sistema eléctrico: no basta con crecer, hay que estar preparados para gestionar el uso real de las infraestructuras. En energía, generar más no es suficiente si no se puede gestionar bien en escenarios de estrés.
La buena noticia es que la tecnología está madura. Países como Estados Unidos, Australia o el Reino Unido ya han integrado baterías a gran escala con resultados claros: más seguridad energética, menos volatilidad y nuevas oportunidades industriales. En España, sin embargo, el despliegue del almacenamiento sigue muy por detrás del ritmo de crecimiento renovable.
El principal freno ya no es técnico ni financiero, sino regulatorio. Falta una hoja de ruta clara y un marco estable que permita a los proyectos avanzar con visibilidad a largo plazo. Sin señales claras, la inversión se ralentiza.
En este contexto, el debate ya no es solo nacional. Informes como los de Mario Draghi y Enrico Letta apuntan a una misma dirección: Europa necesita reforzar su competitividad y su autonomía energética mediante inversión en infraestructuras, marcos estables a de largo plazo.
Nuestra experiencia en otros mercados, especialmente en Latinoamérica, nos demuestra que el foco ha pasado de maximizar la potencia instalada a asumir una responsabilidad más amplia sobre cómo se financia, se construye, se opera y se integra la energía en el sistema.
Además, este debate trasciende lo energético. En un contexto geopolítico marcado por la volatilidad y las tensiones en las cadenas de suministro, la energía se ha convertido en un factor clave de autonomía y competitividad. España y Europa tienen una oportunidad real si acompañan el despliegue renovable con infraestructuras que garanticen estabilidad.
Porque el debate ya no es si vamos a producir más energía limpia, eso ya lo estamos haciendo, sino cómo vamos a gestionarla. Si queremos que la transición energética sea también una transición económica y social justa, el almacenamiento no puede seguir siendo una nota a pie de página. Tiene que estar en el centro de la conversación.
Estamos en el momento clave: tenemos la capacidad y la experiencia. Ahora toca activar de verdad el papel de las baterías en el sistema.
Esta tribuna de opinión se publicó en El Economista el 9 de febrero de 2026.
La transición energética necesita inteligencia, no solo potencia